Siempre me ha entusiasmado la relación entre expectativas – frustración, expectativas – satisfacción, este proceso pre acción - post acción está presente en prácticamente todos los ámbitos que afectan al individuo en su relación con otros individuos. Es uno de los mecanismos más apasionantes desde una perspectiva psico social tanto en cuanto supone la interacción de procesos socializados con efectos de índole individual. Lo causa la sociedad, lo “sufre” el individuo.
Como suele ser norma en sociología, a través de escalas definidas se intenta medir este proceso de cara cuantificarlo globalmente y extraer conclusiones sociológicas. Hoy mismo me he encontrado con un estudio de nuestro país vecino, Franciti. Hace aproximadamente un año fue elegido un nuevo presidente con unas altas cotas de popularidad, las expectativas con él eran tremendas (medidas previamente) en las diferentes áreas que afectaban al país, en la económica, seguridad, influencia exterior, renta pér capita. Franciti se dejó caer en manos de este dirigente con una fe ciega. Un año después, el nivel de satisfacción es bajísimo, bajísimo en relación a las expectativas previas. La imagen proyectada construyó una realidad ficticia que un año después presenta importantes diferencias con la realidad objetiva percibida.
En Fanciti, el actual Presidente de Gobierno llegó al poder y a liderar su partido y la nación en parte por una serie de causas no controlables por él pero que crearon un escenario propicio para su ascenso y progreso. La imagen que proyectaba no generaba elevadas expectativas ni en su partido ni en el conjunto de la nación, actualmente el nivel de satisfacción con él es elevadadísimo, superando ampliamente las expectativas previas.
Como persona, como ciudadano, en la forma de hablar, de vestir, de gestualizar, de actuar se proyecta no el como soy sino el como quiero ser, esto inevitablemente genera en “el otro” unas expectativas acerca de la persona. Fijaos las oportunidades que brindarían a la persona que sepa manejar su imagen proyectada en función del escenario. Manejar la imagen proyectada no supone, como muchos creen, el presentar una imagen imagen impecable y políticamente perfecta en todo momento, esto supondría generar demasiadas expectativas en todo momento. Yo hago referencia a la capacidad de identificar los escenarios en los que al individuo le conviene rebajar ampliamente las expectativas sobre su persona aunque vaya en detrimento de la conformación de la imagen inicia.
Quizás por ser defensor de la ley del mínimo esfuerzo en situaciones específicas, me suelo decantar por el generar expectativas bajas sobre mi persona, si bien esto no es una norma ni mucho menos, depende de la situación y el receptor entre otras variables. En el momento es difícil dado que eres consciente que el que tienes enfrente puede desarrollar una imagen nefasta de ti sino se sabe dosificar las dosis, pero cuando los hechos superan las expectativas la satisfacción que generas en el otro es altísima, y esta última imagen basada ya no en expectativas sino en niveles de satisfacción fruto de actuaciones suele ser la que persiste.
Por esta misma razón cuanto desempeño el papel de receptor suele ser bastante cauto con los gilipollas evidentes, los salvapatrias imprescindibles y los anodinos habituales, no soy amigo de forjarme una imagen permanente de una persona y menos aún de fijar en mi mente primeras impresiones. Los hechos (no los resultados de los mismos) así como las conversaciones prolongadas marcan realmente el posicionamiento de mi emisor ante mí como receptor. En este sentido lo aconsejable a mi parecer es ser flexible, abierto y no dejarse llevar por imágenes predefinidas, esto nos convierte en autómatas del comportamiento.
En este sentido, y perdonarme el apunte personal a modo de desahogo, cada vez siento mayor frustración, pena y una especie de repulsión por un tocayo mío con el que se supone debo compartir valores e ideales en base a nuestra adscripción política, pero uno es flexible hasta cierto punto y llevo muy mal a los abrazafarolas, correvidiles y lamebranquias que diría el otro. Mis expectativas ante esta persona son nulas existiendo una diferencia abismal frente a la imagen que quiere proyectar. El comportamiento de este individuo da para otro post que tratara sobre las miserias humanas. La verdad es que esto del blog está muy bien te quedas relajado cuando te desahogas y la sensación de libertad para estructurar el post como te venga en gana es muy placentera.
Pero volviendo al tema, según todos los estudios actitudinales masivos, en término de imagen y posicionamiento social es más sencillo el poseer una imagen favorable a pesar de tropiezos o errores cuando la primera imagen proyectada generaba bajas expectativas pero las primeras actuaciones superaron éstas, que comenzar generando amplias expectativas y los primeros hechos dan al traste con ellas a pesar de lograr enderezar la situación.
La cuestión está en el tamaño de la vara de medir cuando mides por primera vez.