Por más que intento no mirar atrás, de un tiempo a esta parte se me agolpan en la cabeza muchos, demasiados “Ysi”.
Y si no hubiera aparecido al día siguiente, y si hubiera dicho sí, y si las miradas que me intimidaban las hubiera correspondido con palabras, y si hubiera aceptado aquel reencuentro pasado, y si hubiera aceptado aquella cerveza, y si hubiera dicho no a aguantar los gritos, y si hubiera dicho sí a aquella proposición comprometedora, y si hubiera aceptado el reto que suponía aquel pequeño roce con los dedos, y si no hubiera abandonado aquel trabajo temporal, y si no hubiera aceptado el control, y si hubiera sido yo en cada momento, y si me dejase llevar por los halagos, y si no hubiera aceptado a los/las ingratos/as, y si vuelvo atrás para recuperar algún “Ysi”….
No me entendáis mal, estoy satisfecho con las elecciones que he tomado hasta ahora, no soy de los que se arrepienten. Sé que puedo desplegar un abanico más voluptuoso, llamativo y atrayente para los que me rodean y para las personas que conoceré a partir de ahora, pero hasta ahora no he encontrado la necesidad. He regido mi vida por la ley del mínimo esfuerzo y eso ha multiplicado mis capacidades de forma notable dado la necesidad de equiparar mis actos al que posee voluntad y dedicación, de este modo he comprobado como con unas pequeñas dosis de esfuerzo la potencialidad de mis actos es inmensa, pero no quiero hacerlo, soy consciente del entorno más cercano que me rodea y es muy peligroso intranquilizar al mediocre. Por ahora me mantendré en esa media discreta pero eficaz.
Pero volviendo a los “Ysi”, no me digais que nunca habéis oteado vuestra vida y os habéis preguntado por ellos. Algunos “Ysi” se pierden para siempre, otros están siempre ahí, latentes.